
Puedo cerrar los ojos y estar sentado aquí ahora, en esta escalera hacia la playa en la que te besé por primera vez, acomodé tu cabello después de mojar mi bota con las olas impredecibles de la noche, riendo. Estoy sentado, solo ahora, en esta loma en la oscuridad, recordando cómo tomé con mis manos tu cintura y froté mi barba contra la pelusa de tu mejilla. Olí tu cabello y quise que ese olor me acompañe por más tiempo. Recuerdo al gatito que vimos. Recuerdo tus gestos, tu forma de hablarme. Recuerdo tus cejas. Camino, y quiero recordar más. Ahora, en mi mente, estoy contigo en estas rocas frente al mar donde te abracé por la espalda y, sentados, vimos las luces en el cielo volar. Dijimos que eran aves. Y dijimos que no eran, y luego que sí otra vez. Tu cabeza estaba en mi pecho; tu respiración y mis latidos se entendían. Todo se sentía bien, ¿no? ¿Tú lo sentiste también?
Me detengo. Siento la nostalgia nacer en mi abdomen y crecer en mi tórax. No lo soporto. Quiero gritar tu nombre en la oscuridad. Pienso y miro mis manos. Imagino tus dedos delgados en mi mano. Recuerdo cómo besé tu estómago en esa banca frente al mar. Pienso. Nos hubieramos quedado en esa playa un poco más de tiempo, cejitas. Tenía las manos llenas de olor a hierro por tocar la baranda oxidada.
Dijiste, "¿Qué quieres hacer? ¿Ahora qué hacemos?" Pues, te hubiera besado un poco más. Hubiera caminado de la mano contigo. Hubiera pedido que te subas a mi espalda. Hubiera mirado tus ojos y acomodado tu cabello más veces. Lo hubiera hecho. Te hubiera pedido que no nos vayamos, aun sabiendo que teníamos que irnos. Lo hubiera pedido solamente. Lo hubiera dicho. Decir las cosas es, a veces, suficiente.
Dijiste, "¿Qué quieres hacer? ¿Ahora qué hacemos?" Pues, te hubiera besado un poco más. Hubiera caminado de la mano contigo. Hubiera pedido que te subas a mi espalda. Hubiera mirado tus ojos y acomodado tu cabello más veces. Lo hubiera hecho. Te hubiera pedido que no nos vayamos, aun sabiendo que teníamos que irnos. Lo hubiera pedido solamente. Lo hubiera dicho. Decir las cosas es, a veces, suficiente.
Son las 23:25. Sigo caminando, imaginando que tú también me piensas. Aferrándome a la idea en que quizás en tu cabeza puedes encontrarme. Me pregunto si quizás en el futuro caminemos juntos por algún motivo extraño. Ahora han sido sólo días, pero los días se harán semanas, y las semanas se harán meses hasta que un día ya no te piense así como ahora. Quizás nos crucemos por casualidad y finjamos que no nos vimos. Quizás un día te acuerdes de mis brazos en los que podía escribir palabras con los dedos, o quizás te acuerdes de mí cuando veas una araña o una inflorecencia.
Olvidé cargar mi celular hoy; y a las 23:40, la batería está a punto de morir.
Miro el porcentaje de carga y sonrío un poco con ironía sólo para engañar a mi corazón triste.
8% es lo que queda de batería. 8% queda de tí en mi pecho. Entonces activo el "modo de ahorro de energía" sólo para ganar más tiempo. Para no perderte tan rápido. Para que me dures un rato más.
Ahora dime, ¿tú sientes acaso lo mismo?
Te extraño, cejitas, y no sirve que se lo diga a todo el mundo si no te lo digo a ti.
Te extraño, cejitas, y no sirve que se lo diga a todo el mundo si no te lo digo a ti.

