Yo no creo en casualidades, creo en causas y razones.
Siempre hay una razón para todo y desde pequeño siempre molesté a mis padres
para que me explicaran el porqué de todas las cosas. Los exprimí tanto hasta
llegar al borde de su capacidad y descubrí así su ignorancia. Paré de preguntar
entonces, y descubrí la Internet. Siempre tuve esa sed de saber, de conocer y
de satisfacerme de esa manera, revisando a los 8 años enciclopedias, leyendo
las ediciones del Calendario Mundial, y hojeando diccionarios que entonces me parecían
malhechos.
Cuando tuve 12 o 13, no recuerdo bien, descubrí algo insólito.
Algo que seguramente estuvo presente siempre, pero de lo que hasta entonces no
me había percatado. Descubrí lo que hasta ahora no puedo explicar y por más que
he buscado, no he encontrado explicación suficiente que me satisfaga de forma
completa. Descubrí el número 333.
Todo comenzó como algo divertido y poco creíble. A donde
quiera que fuera, el número me seguía. Generalmente era al ver el reloj. Sucedía
que la hora, por caprichos del azar, era 3:33. No sucedía a diario, debo decir, pero sucedía
muy seguido. Todo comenzó así, gradualmente y con el pasar del tiempo me
invadió el desconcierto.
Pronto, todo empeoró. No sólo era el reloj el que me
sorprendería ya, el número iría conmigo después al salir a la calle, al leer
textos, y al relacionarme con más gente. Mis padres decían que sucedía por
causa de sugestión y por un tiempo les creí. Pensé que si dejaba de pensar en
el número, no lo vería más. A veces la mente nos juega mal. Pero fue al revés.
Cuando pensaba en el número y me esforzaba en verlo, no sucedía. Por otro lado,
cuando lo olvidaba por completo y ocupaba mi mente totalmente, sucedía más y
más. Llegué a asustarme. Leía y preguntaba, pero nadie me daba respuesta.
Muchos incluso me tacharon de mentiroso.
Lo cierto es que yo nunca tengo ni tuve afán de convencer
a nadie. Buscaba una explicación por los relojes que marcaban el número, por todos
los libros y números telefónicos que tenían el 333 y habían llegado a mí, o por
todas las veces que había jugado un videojuego y había obtenido 333 de puntaje.
Sólo quería una explicación. Yo no creía en coincidencias. Cuando terminé la
secundaria, sin embargo, todo desapareció. Ya no veía el número y perdí completo
interés al respecto. Tenía nuevos intereses, como era de esperarse. Creo que
pensé que todo había sido mi mente efectivamente.
Lo extraño vino después. Un verano, tiempo después,
comencé a sangrar por la nariz y el médico me dijo que era porque tenía
capilares superficiales. Me recomendó no exponerme al sol y así lo hice. Ese
verano el número regresó, regresó hasta
el día de hoy que no me ha dejado. Ha habido días en los que he contado más de
10 veces el número. Ha llegado a sorprenderme incluso los días en los que no lo
veo. El número ha llegado de todas formas: 3-3-3, 33-3, 3-33, 333, e incluso
sólo 33, en el contador del semáforo, el celular y la laptop.
He visto el número cuando estoy yendo al trabajo y veo la
hora en el celular; cuando despierto en la madrugada, luego de una pesadilla, y
veo el reloj del celular es 3:33 AM.
Lo he visto cuando voy por la calle y veo las placas de
los autos y en los números de teléfonos de amigos, de televisión o del
periódico. Lo encontré en el único locker libre del Open Plaza (un mall) al ir
de compras. Lo he visto mientras buscaba libros y encontré frente a mis ojos el
libro 333 Maneras de Ser Feliz en Wong de Caminos del Inca. Al cruzar la calle
y ver los Billboards de departamentos en Evitamiento y números de delivery
estampados en el carro de alguna compañía de seguros. Al jugar videojuegos y
hacer score 333. Al leer libros, revistas, blogs, siempre me he topado con el
número. Y siempre y lo más común, en recibos de mi teléfono o los vouchers del
banco y los supermercados.
En Internet, increíblemente, he encontrado testimonios de
personas que pasan o han pasado por lo mismo. Ninguna de ellas tiene
información sobre el tema más que su propio testimonio, desconcierto y afán por
hallar información como yo. He leído vagas explicaciones sobre ángeles y demonios,
y cosas por el estilo, pero cosas vagas al final, cosas en las que poco creo.
Nada sustentadas. Como dije al principio, yo no creo en casualidades, sino en
razones y causas. Estoy convencido que existe una razón por la cual yo, y
muchas otras personas, vemos el número.
Hace poco descubrí algo más. Yo nací el 13 de Septiembre
de 1991.
Si sumamos los dígitos: 1+3+9+1+9+9+1 es igual a 33.
Y adivinen qué; nací a las tres de la mañana.
33-3
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