Querido Milo,
He buscado escribirte desde hace varios días. Quizás fueron un
par de semanas, para ser honesto. La verdad es que no encontraba un buen motivo
para hacerlo sin parecer alguien con “ese” tipo de intenciones. ¿Me entiendes?
Estaba pensando en una excusa, hasta que recibí tu mensaje.
Me tomó por sorpresa ya que estaba en el trabajo; sin embargo, me alegra mucho
ya que también necesitaba hablar y estoy harto de hablarle a la misma gente. Todos
conocen de mí cosas inexactas y ambiguas, y siento que cuando me miran, pueden
leerme como en uno de esos libros de muestra que ponen en los supermercados
porque alguien rompió el empaque para ver el contenido y no quiso pagar por él.
No te asustes. A veces hago esto, mis ejemplos son poco comunes. Si me escribiste
porque tienes intenciones de ser mi amigo y quedarte, te darás cuenta. Eso te
advierto.
Bueno, esta semana me
preguntaba el porqué de las personas que me buscan cuando tienen problemas. Me
buscan para pedirme consejos aún sin ser mis amigos. No lo entiendo, y a veces
es molesto. Es algo que me toma por sorpresa también, como si yo no tuviera ya
muchas cosas con las que lidiar. Digo esto con una sonrisa de burla. Pensando
en los porqués, se me ha ocurrido un sinfín de posibles motivos, si puedo
decirte. Ninguno es convincente, de hecho. Pero, algo es algo, ¿no?
Sinceramente, lo mejor que he pensado es algo que tiene que ver con lo viejo
que me veo o mi signo zodiacal. Seguro proyecto una imagen confiable y amigable,
de alguien con experiencia en resolución de conflictos. Já, me vuelvo a reír.
Estoy echándolo a perder, ¿no? No quiero que por esto creas
que debes echar lejos tus ganas de confiar en mí, si las tienes. A pesar de
todo, siempre he creído en la bondad de los extraños, y en el momento en el que
te vi ahí parado hablando con la chica de las rosas, tan despreocupado, con tus
zapatos brillantes y tus jeans negros
pensé que quizás eras bueno. No me preguntes cómo unos jeans o unos zapatos podrían decirme algo de ti. No lo sé, pero
también movías las manos y mirabas hacia a mí y al grupo de vez en cuando. Bueno,
lo mejor es que sólo aceptes como un hecho el que tengo el súper poder de ver
algo especial en algunas personas. Sólo imagina eso. Soy alguien muy perceptivo.
¿Sabes algo? En otro momento de mi vida te hubiera
preguntado cómo conseguiste adivinar mis gustos musicales con tanta precisión. Eso
me sorprendió. Ahora me conformo con la respuesta que inventaste. No me odies,
pero sé cuándo me mienten también. Aun así, estoy impresionado, y creo que por
eso voy a ayudarte; pero antes de eso, vas a tener que ser mi amigo y
escucharme también. Una por otra. Es justo, ¿no?
No es por alardear, pero lo que te está pasando, me ha
pasado ya. Ya dicen que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Soy viejo.
Antes de comenzar y brindarte mi ayuda, empero, quiero que
leas un poco sobre Damien Rice y Lisa Hannigan. Quizás te preguntes quiénes son
ellos o qué tienen ellos que ver con todo esto. No obstante, déjame decirte que
cuando te vea lo próxima vez, sabrás que era de suma importancia. Ahora, haz tu
tarea, y te veo el domingo. Trae Pringles de Sour Cream and Onion, que son mis
favoritos.
Un abrazo,
Gus

1 comentario:
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